Hay historias que no empiezan con una decisión profesional, sino con una vida entera vinculada a un lugar.
En el caso del Dr. Miret, su relación con CreuBlanca es tan profunda que forma parte de su propia historia personal. Nieto de los fundadores, creció entre pasillos, consultas y veranos de trabajo que le permitieron conocer la institución desde dentro mucho antes de convertirse en médico.
¿Qué te atrajo de CreuBlanca y qué fue lo que más te sorprendió al llegar?
En mi caso, mi vínculo con CreuBlanca viene de muy lejos. Literalmente nací aquí: mis abuelos fueron los fundadores y he vivido toda mi vida rodeado de esta institución. Desde muy pequeño pasaba los veranos en CreuBlanca trabajando; he sido celador, he hecho radiografías, he trabajado con pacientes… hasta llegar finalmente a urología.
Siempre me he sentido como en casa, y eso es algo muy difícil de explicar si no lo has vivido desde dentro.
¿Qué te llevó a especializarte en urología y en salud prostática? ¿Qué es lo que más te apasiona de tu día a día?
Elegí la urología porque es una especialidad médico-quirúrgica. Siempre me ha gustado la cirugía, pero no quería perder el contacto directo con el paciente.
La urología me permite mantener una relación muy cercana en consulta y, al mismo tiempo, desarrollar la parte quirúrgica, que es una de mis grandes pasiones como médico. Ese equilibrio es lo que más me motiva en el día a día.
La urología trata temas muy personales. ¿Qué es lo que más disfrutas del trato con los pacientes?
El trato con el paciente es, sin duda, una de las partes que más disfruto. Siempre me han dicho que tengo un carácter cercano y directo, y es verdad que hago preguntas muy claras, incluso muy directas.
A veces los pacientes se sorprenden al principio, pero luego lo agradecen. La urología te permite transmitir cercanía, personalidad y generar un espacio de confianza donde el paciente puede hablar de miedos o problemas muy íntimos. Poder ayudar en ese ámbito es enormemente reconfortante y da mucho sentido a mi profesión.
¿Qué avances médicos o tecnológicos están cambiando de verdad la forma de diagnosticar y tratar a los pacientes?
La cirugía mínimamente invasiva ha supuesto una auténtica revolución en urología. Aunque existe desde hace años, en la última década ha evolucionado de forma exponencial y nos ha permitido hacer cosas que antes eran impensables.
También destacaría la resonancia magnética, que es uno de los grandes pilares actuales de la urología, especialmente aquí en CreuBlanca. Ha transformado el diagnóstico: hoy detectamos lesiones y diagnosticamos cáncer de próstata mucho antes que con las biopsias convencionales.
La inteligencia artificial ya forma parte de la medicina. ¿Cómo crees que puede transformar vuestro trabajo, especialmente en urología?
La inteligencia artificial es algo que debemos integrar sí o sí; de lo contrario, nos pasará por encima. En urología puede aportar muchísimo valor, sobre todo en el diagnóstico clínico.
Por ejemplo, en el seguimiento de cultivos de orina, en la adecuación de tratamientos antibióticos o en el acompañamiento de pacientes con litiasis renal mediante sistemas de seguimiento automatizados.
También será clave en la interpretación de pruebas de imagen, ayudándonos a detectar lesiones cada vez más pequeñas o difíciles de identificar. Y en el ámbito quirúrgico, los asistentes de realidad virtual pueden ser una herramienta de aprendizaje enorme, especialmente para cirujanos que están empezando.
Si miras hacia adelante, ¿cómo te imaginas CreuBlanca dentro de 10 años?
Estamos viviendo un momento muy ilusionante, especialmente con el proyecto de Mataró. El paso de clínica a hospital es un cambio muy importante.
Dentro de diez años me imagino a CreuBlanca plenamente consolidada, trabajando a pleno rendimiento, ofreciendo un servicio excelente a los pacientes y, como siempre, apostando por la tecnología más puntera.
¿Qué mensaje te gustaría dejar a CreuBlanca en su 75 aniversario?
Me gustaría decirle que no cambie nada… y que lo cambie todo. Que siga avanzando, innovando y mirando hacia el futuro, pero sin perder nunca la esencia con la que empezó mi abuelo hace 75 años: cuidar al paciente y ofrecer siempre la mejor medicina posible.